Este tatuaje por mis abuelos que vivían en el pueblo, donde veraneamos desde pequeños mi familia.
Plantaron un rosal justo al lado de la casa, siempre lo regaban, cada vez que íbamos lo veíamos florecer. Ellos fallecieron hace años y a día de hoy seguimos veraneando allí y aunque ellos no estén el recuerdo permanece en nuestra memoria igual que la rosa, que sigue floreciendo cada año.