Mi abuela tiene Alzheimer desde que yo era pequeña.
Cuando comprendí que llegaría un momento en el que ella no me reconocería, y si quiera se reconocería a sí misma, decidí que mi primer tatuaje sería una concha (es su nombre) con una perla (así me llamaba) .
Así siempre la llevaré conmigo y, de alguna forma, seremos una. Viviendo por ella todo lo que la enfermedad le ha impedido.