Para mí el tres no es un número. Es parte de mi historia de vida. El segundo apellido de mi padre era Tres. Y la casualidad quiso que él falleciera un tres de octubre. Desde entonces, somos tres en la familia: mi madre, mi hermano y yo. Por eso, el tercer aniversario de su muerte decidí tatuármelo, con su propia letra. Por él, por mí, y por todo lo que significa el tres en mi vida.