Adopté a mi primera perra (ahora tengo 4), y un día que volví de trabajar y la dejé sola en casa, al entrar ví todo el pasillo lleno de huellas amarillas, y cuando la ví a ella tenía todo el pecho y las patas delanteras llenas de tinta, había abierto un cajón y había masticado un bote de tinta de impresora, tranquilos, nada agrave, pero si un recuerdo para siempre.