Me fuí a Canadá huyendo de un desamor. Mi experiencia allí no fué como yo esperaba y no sólo no me olvidé de él, si no que lo pasé excesivamente mal. Lloraba todos los días. Mis momentos más felices fueron ver cómo los árboles mudaban las hojas y ver cómo caía la nieve. Me tatué esas dos cosas como recordatorio. Recordatorio de que la distancia no hace el olvido. Él me hizo la foto…