Felicísima: es el nombre de mi abuela. Recuerdo el olor del café por las mañanas en su casa, y las conversaciones en el desayuno. Éramos 3: ella, mi madre y yo.
Hace unos años nos dejó. Pero cada vez que tomo un café con mi madre, seguimos estando las tres.
Felicísima, un nombre que me recuerda que debo ser feliz cada día o al menos intentarlo, por eso la llevo del lado del corazón.