A los 17 años tenía ataques de ansiedad y para lidiar con ello me arañaba el antebrazo hasta hacerme daño. Tuve una pareja que me ayudó a superar ese mal trago, siempre me decía «Sonríe, que así iluminarás tus días». Cuando superé esos ataques, quise tatuarme un esqueleto con la palabra «sonríe» en el lugar donde solía hacerme daño, para recordar que soy más fuerte que todo eso