Hace cuatro años, cuando cumplí 18 me fui de casa, a ochocientos kilómetros de casa exactamente. Allí dejé a mis padres y a mis dos hermanos pequeños. Se me hizo muy cuesta arriba estar tan lejos de los pequeñajos, así que me tatué el demonio pa llevarlos siempre conmigo, porque ellos son mis terremotos. Nunca me borraría uno de mis tatus, cada uno tiene su historia.