Kilian, abandonado con 20 días en un contenedor de basura, se convirtió en el que es y será el mejor amigo de mi vida. Por eso quise llevarlo conmigo siempre, para recordarme que no estoy solo y que los animales son un ejemplo a seguir.
A los pocos meses de hacerme el tatuaje Kilian se marchó por una enfermedad hereditaria, aunque yo siempre voy a tener la suerte de verlo a mi lado.