Mi tatuaje son dos vilanos, la parte del diente de león que sale volando. Lo elegí porque para mí representan la fragilidad y a la vez es la típica planta a la que le soplas para pedir un deseo.
Perdí dos embarazos y el dolor y el recuerdo nunca se van, quería poder llevar ese «deseo» que fue tan frágil cerca del corazón y me lo tatué en las costillas derechas.