Es un tatoo sencillo, aunque el más doloroso que tengo hasta el momento. Lo hice en honor a mi hijo, Erik. Está claro que sólo por los hijos aguantamos ciertas cosas, como un tatuaje en los dedos, una de las zonas más dolorosas del cuerpo, y por eso no quiero tener que repasarlo en un futuro y lo cuido todo lo que puedo.