”Jomala vive en la niña de tus ojos y tus ojos, niña, no se empañan”. Me tatué los dos últimos versos del poema que mi padre me escribió cuando empecé a hablar (Jomala era para mi una estrella), cuando mis padres murieron. Es un recordatorio constante de quién soy, de lo única que soy, incluso cuando la vida va del revés.