Con 8 años empecé en un club que ahora es mi familia.
Al cabo de unos años el entrenador y fundador falleció. Era una parte muy importante en todo esto y el día del entierro todos los deportistas tiramos una flor al agua en su honor. Yo me guardé dos y las sequé. Despues de 12 años las pobres estaban que no se sostenían pero yo me moría de pensar en tirarlas.
Así que decidí tatuármela.