Siempre me gusto mucho tumbarme en el suelo una noche de verano a contemplar lo que se ve allí arriba.
La estrella por mi abuelo, la primera persona que se iba de mi vida con motivo más que justificado (una enfermedad) la luna, por mi hermana. Dos pilares fundamentales en mi vida. Uno de ellos ya no está, pero vive en mi recuerdo y no puedo ser más afortunada. Y mi hermana, mi vida.