Para mi, el mejor de mis tatuajes es el mapa mundi que tengo en la espalda. Decidí tatuarmelo para poder pintar cada país que visitaba, creando un recordatorio constante de aventuras, diversidad y cultura que existen. Además de que ayuda a entablar varias conversaciones allá donde voy y es un placer contar historias de cada sitio que visito. Es un tatuaje que no tiene fin.