Siempre había querido tatuarme una mano de Fátima. Cuándo cumplí 18 años, me lo quiso regalar una persona muy importante para mi en mi vida, la cuál hace unos años sufrió un aneurisma. Cuándo me dieron hora para hacerme el tatuaje, dió la casualidad que me la dieron el día que hacía 20 años que esa persona había superado el aneurisma. Fue una señal, y ahora siempre la llevo conmigo.