Un veso. Mi abuela siempre acababa las cartas así. Cartas a mi abuelo para reducir la distancia que la obligaba a escribir más a menudo de lo que había pensado. Nunca faltaba a su cita con papel y bolígrafo, pese a no ser una maestra de la palabra escrita. Y yo, pequeña e ignorante, siempre la corregía. Hoy, «Veso» y Beso, para mi ya son palabras distintas. «Veso» es simplemente «más»