Mi tío Jesús se dedicó a viajar por todo el mundo y a cada país que iba compraba un sombrero. Creó una colección enorme. Un día le detectaron un cáncer y poco después yo salí del armario. Él me apoyó más que nadie y me animó a ser quien soy. Unos meses después y a punto de morir me regaló uno de sus sombreros, que tenía 3 plumas a un lado. Estas plumas me recuerdan esas palabras.