Michi, la gata más majestuosa que he conocido: albinismo, heterocromía e hipoalergénica. Siempre quise tomar su huella para tatuarla, pero se hizo tarde: un cáncer se la llevaba. Dos semanas antes de tener que dormirla, tomé su huella. Y dos semanas después de que se fuera la plasmé en mi piel, en la última zona donde puso su patita. Su nombre en élfico, como no podía ser menos.